
A diferencia de la mayoría de las historias, la leyenda de “El Familiar surge en la época moderna y de la mano del progreso industrial. Su proliferación va de la mano con la industria azucarera-panelera y la instalación de varios ingenios en el siglo XIX y principios del pasado, donde se empleaban a miles de obreros a sueldos de hambre y condiciones de trabajo inhumanas.
El Familiar era el perro del diablo, o tal vez el diablo mismo; negro como la muerte y feroz como todo el mal del mundo; sus ojos desprendían llamaradas de fuego y sus garras tenían la fuerza de mil hombres. Poseía un hambre que solo se saciaba con la entrega de un peón al año, por lo que el patrón del ingenio o el capataz, que había hecho un trato con el diablo a cambio de prosperidad del negocio, debía entregarle el obrero para que El Familiar se lo comiera.
En estas ocasiones solía tomar la forma de una gran serpiente que era llamada “El Viborón” y se tragaba al infortunado en los mismos sótanos del ingenio o en algunos de sus cuartos, donde vivía El Familiar. También podía adoptar la forma de un toro negro, un burro, un puma, aunque su representación más popular era la de un perro.
A veces, el patrón mandaba a un obrero a buscar herramientas o cualquier cosa a estas habitaciones donde lo estaba esperando el perro del demonio y nunca más volvía a salir.
Solía suceder en los ingenios que durante el trabajo, algún que otro trabajador encontrara la muerte; o bien cayéndose a la caldera, o en la cinta trituradora del trapiche, no era algo extraño, si esto ocurría se decía que había sido El Familiar que andaba con hambre, así mismo si desaparecían.
También podía suceder que el perro se tragase a algún trabajador en especial, sobre todo a aquellos que tenían ideas políticas distintas al jefe; estos solían ser los más deliciosos para el perro del Diablo, y además servía como ejemplo para que a ningún otro obrero se le ocurriera tener ideas políticas distintas a las del patrón. Incluso era mejor que no tuvieran ideas políticas; y hasta que no tuvieran ideas en absoluto.
No había ninguna manera de matar al Familiar, si uno se encontraba al perro y quería clavarle el Facón, parecía que era totalmente imposible; más si se llevaba un rosario y una cruz colgando consigo el perro no lo mataba; es probable que el perro ladrara, pero máximo salía un poco lastimado nada más…
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